Lorier vuelve con dueño nuevo y agota su preventa el mismo día

Worn & Wound compró la microbrand neoyorquina, relanzó sus cuatro modelos base con cristal de zafiro y vendió toda la primera tanda antes de que terminara el lunes.

El otoño pasado, en un restaurante tailandés del Lower East Side de Nueva York, el periodista Tony Traina se acercó a un desconocido para elogiarle el Rolex 1016 que traía en la muñeca. A media frase bajó la mirada y se dio cuenta de su error: no era un Rolex. Era un Lorier Falcon de quinientos dólares.

Traina contó la anécdota en su boletín Unpolished la semana pasada, y explica mejor que cualquier ficha técnica por qué esta marca tiene tantos seguidores. Lorier acaba de cambiar de manos y, después de meses de silencio, vuelve a la vida.

© Lorier

Dos maestros de escuela y una idea terca

Lauren y Lorenzo Ortega fundaron Lorier en Nueva York en 2017. Los dos eran maestros de escuela; ninguno provenía de la industria relojera. Metieron sus ahorros en un solo modelo, el Neptune, un buzo que bebe del Submariner 6538 de corona grande, del Seamaster CK2913 y del Seiko 62MAS, y lo vendieron directamente desde su estudio, sin distribuidores ni márgenes de tienda. La idea era terca y simple: proporciones de los años cincuenta y sesenta, ejecutadas con seriedad, a precios que un entusiasta normal pudiera pagar.

Funcionó muy bien. En su mejor momento, según contó Lorenzo Ortega en el podcast de Hodinkee, Lorier entregaba entre 5,000 y 6,000 relojes al año, con Lauren y él como únicos empleados de tiempo completo, encargándose de logística, envíos y control de calidad. El resultado era previsible: cada lanzamiento se agotaba casi al instante y la marca pasaba meses sin nada que vender. Comprar un Lorier dejó de ser una compra para convertirse en un ritual de puntería.

© Lorier

Lo que compró Worn & Wound

El 20 de julio, Worn & Wound, la publicación relojera estadounidense que también opera la tienda Windup, anunció la adquisición de Lorier. Los Ortega siguen como socios parciales y Lorenzo se queda como Director Creativo. Ilya Ryvin, el primer empleado que tuvo Worn & Wound hace más de una década y con varios años recientes en Grand Seiko, entra como gerente general.

Blake Malin, cofundador y CEO de Worn & Wound, explicó que la operación se estructuró sin capital privado ni inversionistas externos: dos compañías independientes, sin ataduras. Lo que aporta el comprador no es diseño, eso sigue con los Ortega, sino bodega, servicio al cliente y capacidad de producción: exactamente lo que le faltaba a un negocio de dos personas.

Cuatro relojes, una sola idea

La colección relanzada son cuatro modelos, todos con caja de acero 316L, brazalete de acero con eslabones finales sólidos y broche de ajuste rápido con cinco posiciones de microajuste.

El Neptune es el buceador insignia: 39 mm de caja con bisel de 37 mm, 10.3 mm de grosor, 200 metros de hermeticidad, bisel unidireccional de 120 clics y corona roscada. El Hyperion es el GMT, con la misma caja de 39 mm, bisel bicolor azul y rojo, 100 metros y aguja horaria de ajuste independiente, un GMT «verdadero», útil para viajar de verdad. El Falcon es el reloj de campo: 36 mm, esfera 3-6-9, agujas broad arrow, 100 metros. Y el Astra es el más vestidor de los cuatro: 36 mm por apenas 8.8 mm de grosor, sin ventana de fecha, esfera plateada texturizada.

© Lorier

Los movimientos son japoneses de la familia Miyota 9000: el 9039 automático sin fecha a 28,800 alternancias por hora en tres de ellos, y el 9075 en el Hyperion para la función GMT.

El cambio más discutible no está en las medidas. Lorier abandonó el cristal acrílico que definió a la marca durante ocho años y pasó a zafiro abombado con antirreflejo interno, con inserto de bisel también en zafiro. Malin lo dijo sin adornos: sabe que a los fieles no les va a gustar. Creemos que ambos lados tienen razón. El acrílico da una calidez óptica que ningún zafiro replica del todo, y el cambio implica perder algo; pero el acrílico también obliga al dueño a pulir rayones cada tanto, y para una marca que ahora quiere crecer, eso es un problema de servicio al cliente, no una virtud estética. El precio también subió: 699 dólares para Neptune, Falcon y Astra, 799 para el Hyperion. Los modelos anteriores rondaban los 500.

La preventa que duró menos que un día

La preventa abrió el lunes 27 de julio a la una de la tarde, hora de Nueva York. Esa misma tarde, los cuatro modelos ya estaban agotados en el sitio web de la marca. No hay cifra oficial de cuánto tardó exactamente; el historial de Lorier sugiere minutos más que horas, su Falcon Series III se agotó en cuatro minutos en su momento. Las entregas están previstas para septiembre.

Que se agote así, una semana después de que el nuevo dueño prometiera resolver justamente el problema de inventario, dice dos cosas al mismo tiempo: que la comunidad respondió, y que la infraestructura todavía no alcanza. Worn & Wound lo advirtió en su propio anuncio: «esto va a tomar tiempo».

© Lorier

Comprarlo desde Ciudad de México, Bogotá o Madrid

Aquí está el detalle que casi nadie explica y que a nosotros nos importa. Lorier envía desde Brooklyn y su tienda opera con precios en moneda local para México, Colombia, Argentina, Chile, Perú y España, entre otros mercados. Lo relevante es cómo maneja los impuestos: según sus propias políticas, en pedidos internacionales el IVA y los cargos de importación se cobran al momento de la compra, y la marca declara que no habrá cobros adicionales al recibir el paquete. El envío es por DHL Express, de dos a cinco días hábiles.

El precio que ves al pagar es, entonces, el precio final: sin la sorpresa aduanal que arruina la mitad de las compras directas desde Estados Unidos. Es un detalle administrativo, nada romántico, pero convierte a Lorier en una de las microbrands más limpias de comprar desde la región. Hoy, con todo agotado, la única vía abierta es la segunda mano; conviene revisar los precios actuales antes de decidir, porque un relanzamiento como este los mueve.

Ya hay otra tanda en camino: la marca confirmó que prepara una segunda producción para entregar en la temporada navideña y que abrirá la preventa en cuanto tenga fechas firmes. Vale la pena preguntarse qué le pasa a una marca cuando, por fin, resuelve su problema al aumentar su capacidad de suministro, aunque, en el mismo movimiento, pierde parte de lo que la hacía deseable.

Si te gustó, comparte este contenido

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *